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Con plástico encienden fogón en comedor popular de Carabobo por falta de gas – Noticias de Venezuela y el Mundo

Con plástico encienden fogón en comedor popular de Carabobo por falta de gas - Noticias de Venezuela y el Mundo
Naileth Rodríguez hace lo que puede. Ella instaló una cocina a gasoil, pide leña y hasta ha tenido que encender el fogón con plástico para poder atender a las 200 personas que van a diario a su casa a buscar un plato de comida.

Vive en la calle La Bomba del barrio La Luz del municipio Naguanagua, al norte de Carabobo, y ahí, desde el 24 de septiembre, está a cargo del Comedor La India Urquia, que depende del gobierno nacional y en el que recibe a personas de la tercera edad, con discapacidad y niños hasta los 12 años de la comunidad que están enfrentando la miseria.

Desde el 1 de mayo no se distribuye gas en el sector y en cada vivienda se las han ingeniado para poder alimentarse. Naileth tiene una cocina a gasoil y su hijo trata de conseguirle el combustible, pero también se lo pide como colaboración a los beneficiarios, así como leña, agua y aliños.

No es fácil. Tener una cocina eléctrica se ha convertido en una opción descartada porque los cortes del servicio son cada vez más frecuentes y prolongados. La leña era la alternativa principal hasta que comenzó la temporada de lluvia, y por los problemas con el suministro de combustible se hace cuesta arriba conseguir gasoil.

“Hoy terminamos tardísimo las comidas porque no teníamos cómo hacerlas. Se nos ocurrió fue colocar pedazos de plástico y echarle aire. Así fue como resolvimos”, explicó Yuletzy Orozco, colaboradora del lugar.

Las preparaciones las hacen en la calle, en un terreno ubicado frente a la casa de Naileth, a la que van en las mañanas las 200 personas a dejar sus envases que retiran llenos entre las 11:30 am y la 1:00 pm. También llevan agua y colaboraciones que puedan para sazonar las comidas. “Si no traen sal y aliños lo que les daremos será prácticamente comida de perro”.

Precariedad máxima

Antes del 24 de septiembre, el comedor estuvo cerrado unos días mientras se hacía la mudanza a casa de Naileth. “Yo acepté porque me gusta cocinar y ayudar a la gente”. Ella no lo hizo por dinero, aunque le ofrecieron, así como a las otras tres cocineras, un sueldo mínimo que nunca han recibido.

Los implementos de la cocina están en precarias condiciones y mal estado: Las ollas quemadas, utensilios dañados y hasta el refrigerador sin funcionar. Además, solo les han llevado desde Proalca frijoles chinos, arroz, pasta, harina de maíz y azúcar.

“Todos los días cocinamos lo mismo. Frijolitos chinos con arroz y arepa; o con pasta, atol o bollito. Porque no tenemos más nada”.

Para ellas es imposible darles la oportunidad de alimentación a más personas porque están bastantes limitadas. “Pero, por ejemplo, hoy vino una señora a implorarme que le diera algo para su hijo, no pude decirle que no. A veces nos quedamos sin comida para nosotras, pero no importa”.

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