Cuba

Adolescencia relegada (I) – Juventud Rebelde

Embarazo precoz

En la memoria queda todavía el susto. Ocurrió en medio del almuerzo en el Hogar Materno Sur, de la ciudad de Ciego de Ávila. No hubo señal de lo que sucedería hasta que se oyeron los gritos y la embarazada empezó a darse golpes y a gesticular sin motivo aparente. Se desplomó en medio del llanto, y en el suelo comenzaron las convulsiones.

«Fue un desmayo propio de un ataque de histeria —rememora la doctora Zoe Castillo Cabrera, jefa médica del Materno—. Cuando fuimos a asistirla y le vimos los ojos, nos dimos cuenta enseguida del tipo de crisis, pero no sabíamos la causa. En aquel momento la mayor preocupación era la vida de la adolescente y la de la criatura. Vino la ambulancia y se la llevaron para el hospital. El niño estaba sano».

La sicóloga del Grupo Básico de Trabajo concluyó que se trataba de un caso asociado a los traumas sicológicos que pueden aparecer durante un embarazo en esa etapa de la vida.

El Hogar Materno Sur semeja una residencia familiar donde no solo cohabitan embarazadas, sino sus disímiles historias. Se destacan rostros de muchachas a las que separará de la edad de la criatura que llevan dentro, poco más de década y media de vida; a algunas, menos.

Para ellas hay una sala en el Materno, pues, como explica el personal médico de la institución, «son pacientes en un estadio de la vida muy delicado, no hay una maduración biológica de su organismo y la anemia es un cuadro recurrente; hay que saber manejar su alimentación».

«En estos momentos tenemos a siete jovencitas —explica la doctora Milagros Herrera Hernández, especialista del Materno—; pero hemos tenido meses con 12 y 15 pacientes. Eso indica que el problema se mantiene y adopta formas preocupantes».

El otro asunto que hace saltar las alarmas son los casos de menores entre 12 y 16 años de edad, embarazadas tras haber mantenido relaciones sexuales con hombres adultos.

«Se identifican como los progenitores y las niñas los tratan como sus parejas. Incluso, los padres de las muchachas reconocen la relación. Eso no deja de asombrarnos», señala la doctora Zoe Castillo.

Por su propia inmadurez sicológica, muchas veces la adolescente asume la motivación de la pareja, quien exige de ella otro tipo de conducta no vinculada con su grupo etario, como procrear. Tal situación no le es esquiva a Blanca Margarita Angulo Peraza, quien se desempeña como jefa de la consulta de Ginecología infanto-juvenil en Ciego de Ávila.

La doctora apunta que desde 2004 en ese territorio se acentúa la tendencia al comienzo temprano de las relaciones sexuales, pues el promedio de edad se encuentra en los 12 años de vida, y confirma que existen casos en los que el inicio se registra a los diez. «Sigue siendo muy necesario controlar un fenómeno que puede dañar el bienestar de las adolescentes, pues hemos atendido a muchas con Infecciones de Transmisión Sexual (ITS)», insiste la especialista de segundo grado en Ginecología y Obstetricia.

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El inicio precoz de las relaciones sexuales y las llamadas «uniones tempranas» es un asunto que no solo interesa a la familia, al Ministerio de Salud Pública y al de Educación, sino a toda la sociedad, pues el denominado «matrimonio infantil» coloca a la niña o a la adolescente en una posición de vulnerabilidad frente a los derechos que constituyen garantía en la Mayor de las Antillas y que están debidamente identificados en la Convención sobre los Derechos del niño y la niña.

En Cuba, a las personas con edades por debajo de los 18 años se les considera menores de edad, por lo cual poseen un grupo de derechos con el fin de proteger y propiciar su desarrollo armónico, a partir de la premisa de que son seres en formación y no poseen total madurez sicológica y física. Ante la Ley, los padres son responsables de sus actos.

Por debajo de 18 años no se reconoce la formalización de las uniones, salvo para las muchachas, cuando arriben a los 14 años, y para los varones, a los 16, siempre que los padres o tutores legales expresen su consentimiento.

Asimismo, el Código Penal establece una serie de regulaciones encaminadas a proteger a los menores de edad, tipificando los delitos que entraña cualquier práctica que violente sus derechos y su normal desarrollo. 

Yoleysis González Rodríguez, fiscal jefa del Departamento de Protección a la Familia y Asuntos Jurídicos y Jurisdiccionales de la Fiscalía Provincial de Ciego de Ávila, insiste en que «tener relaciones sexuales con una niña de diez años, aun cuando haya tenido su menarquía, es un delito muy serio en Cuba».

También subraya que el papel fundamental en la prevención es de la familia, y recuerda que «si los padres o tutores legales no velan por la seguridad de sus hijas, no las orientan, subestiman los peligros que existen alrededor de las relaciones sexuales carentes de protección, y estimulan el acceso carnal con una persona adulta, pueden ser objeto de medidas penales».

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«La primera barriga no se saca, pues una nunca sabe qué le deparará la vida», asegura una muchacha de 17 años y en su rostro aparece un intento de sonrisa. Asevera que volverá a parir cuantas veces quede embarazada, porque así le han enseñado sus antecesoras allá en la zona de El Brujo, en el santiaguero consejo popular Siboney.

Otra muchacha, natural de La Caoba, en el municipio de San Luis, empezó a estudiar una especialidad técnica hasta que ella y su pareja decidieron tener a un bebé. Ese es su horizonte, su proyecto de vida. Tiene 19 años y está esperando a su segundo hijo.

Y una tercera, que saca del bolso la imagen del ultrasonido impreso, dice que su bebé se llamará Elisa y aunque al principio no la quería, ahora la adora y no habrá problemas porque su madre le ayudará. Tiene 14 años y un embarazo de 28 semanas. Jamás usó condón y como su pareja no era «estable», regresó de La Habana hasta el santiaguero municipio de Guamá para poder criar a su niña.

«Guamá es el municipio de Santiago de Cuba con mayor cantidad de embarazos en la adolescencia, lo cual se relaciona con la cultura del lugar. Son mujeres rurales, cuya base económica fundamental es la pesca y la agricultura. Por lo general, su visión de futuro está en terminar su 12mo. grado, pero no tienen motivación de continuar estudios», explica la máster Yanet Silva Albear, sicóloga del Hogar Materno Provincial, y asegura que allí es común encontrar menores de 20 años con tres hijos, el mayor de los cuales pudieron haberlo tenido a los 12 años.

Por su parte, la doctora Ana Guisandes Zayas, máster en Atención Integral al Niño y al Adolescente, y especialista de la Dirección Provincial del Programa de Atención Materno Infantil (PAMI) en Santiago de Cuba, advierte que la mayoría de las veces el embarazo en esas edades transcurre de forma oculta, debido a la falta de comunicación de las familias, y significa que, de cada cien gestantes de Guamá, 28 son adolescentes; y de ellas, entre uno y 1,5 por ciento está en el grupo de 12 a 14 años.

Guisandes Zayas reconoce que «han habido dificultades con los métodos anticonceptivos» y hace referencia a la inexistencia de condones en las farmacias, que ha sido un problema a nivel nacional en lo que va de año, por dificultades con su importación.

Aun así, insiste: «Ni cuando había los usaban como se debe. Algunos me dicen: “Si mi mamá me ve con el condón, piensa que ya tengo relaciones sexuales”. Entonces les contesto: “Escóndelo, pero tenlo en tu cartera”. No nos podemos cansar: tenemos que seguir hablándoles sobre la planificación familiar, la protección, no solo para evitar un embarazo, sino por el autocuidado de su salud sexual y reproductiva, y un futuro mejor para ellos».

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Según el Anuario Estadístico de Salud Pública publicado en octubre del presente año, en 2019 en Cuba había 11 201 549 habitantes, de ellos 1 247 388 tenían entre diez y 19 años, lo cual significa que el 11,13 por ciento de la población total es adolescente. El dato puede ser poco ilustrativo para algunos, pero si a este le añadimos  que 605 412 personas de ese total son del sexo femenino,  podemos darnos cuenta de que el llamado «grupo de riesgo» para el embarazo precoz es amplio, una vez iniciadas sus relaciones sexuales.

De hecho, en el pasado año, la tasa de fecundidad correspondiente al grupo etario de muchachas entre 15 y 19 años fue de 52,3 nacidos vivos por cada 1 000 jóvenes en ese rango de edad, dato que se corresponde con el informe redactado por la doctora Francisca Cruz Sánchez, especialista de 2do. grado en Pediatría y responsable del Grupo de Trabajo para la Salud Adolescente del Ministerio de Salud Pública (Minsap), disponible en la web de la oficina en Cuba del Fondo de Población de Naciones Unidas.  

El informe muestra estadísticas reveladoras sobre la captación de embarazadas según los grupos de edades en la etapa adolescente. En 2019 un número en particular despertó preocupación: 807 casos de adolescentes embarazadas de entre 12 y 14 años quedaron registrados luego de su captación, según los datos preliminares del Sistema de información estadístico de consultas externas del Minsap. Entre los 15 y los 18 años, las embarazadas llegaron a 12 510; y de 19 años se contabilizan 5 548.

Si se comparan estos datos con años precedentes, puede notarse un ligero descenso, lo cual no indica que el problema no se mantenga latente, sobre todo si se tiene en cuenta que, en 2019, solo de madres menores de 15 años, se reportaron 429 neonatos; y el 16 por ciento de los nacimientos en el país lo aportan madres menores de 20 años.

«La tasa específica de embarazo en adolescentes constituye una creciente preocupación y ocupación del Minsap y otros sectores en su prevención y la minimización del negativo impacto en el orden social, educativo y de salud». Así se declara en la web oficial de ese Ministerio, en el artículo Embarazo en la adolescencia: desafío de la salud sexual y reproductiva en Cuba, publicado en octubre de 2019, en el que se mencionan algunos factores que explican esa problemática. Entre ellos resaltan el insuficiente uso de la anticoncepción; incidencia de problemas de la disponibilidad y el conocimiento de los métodos anticonceptivos; obstáculos asociados al ejercicio de los derechos sexuales y reproductivos; las brechas de género, y aspectos de carácter social, cultural, informativo y comunicacional.

«La influencia de las inequidades de género impactan no solo en la decisión de las adolescentes de continuar el embarazo, sino que están interviniendo desde la iniciación sexual e incluso han limitado la negociación en cuanto a la anticoncepción; de tal modo, estas muchachas suelen llegar a la reproducción a partir de la influencia de la familia, la pareja y el grupo de coetáneos», destaca la fuente.

Con el objetivo de reducir la fecundidad adolescente, el Minsap orienta su trabajo hacia el perfeccionamiento del Programa Nacional de Atención Integral a la Salud de los Adolescentes, la educación para lograr una maternidad y paternidad responsables, la prevención de conductas que entrañan riesgos sexuales y reproductivos; así como el fortalecimiento de los 168 servicios municipales de Planificación familiar, del movimiento de adolescentes promotores en Sexualidad, Planificación familiar y anticoncepción.

Con la colaboración de la Federación de Mujeres Cubanas se han convocado a las brigadistas sanitarias para realizar acciones de orientación a este grupo etario y también se cuenta con la cooperación de sicólogos, trabajadores sociales y jubiladas del sector de la Salud y la Educación.

Aunque Cienfuegos no está entre las provincias (Granma, Holguín, Las Tunas, Guantánamo, Camagüey, Santiago de Cuba y Ciego de Ávila) más afectadas por este problema de salud, ello no indica que el asunto no sea tratado con la seriedad que merece, sobre todo porque, como asegura la doctora Leticia Vázquez Pis, especialista en Medicina General Integral y con más de una década de experiencia en un hogar materno de ese territorio, «en los últimos años hemos percibido un incremento de los embarazos en la adolescencia y, peor aún, cada día ocurren en edades más tempranas, desde los 12 a los 14 años».

Como parte de la atención integral a la embarazada adolescente orientada por el Minsap, se les ingresa en los hogares maternos. Explica la doctora Vázquez Pis que «la mayoría presenta riesgo de prematuridad, y también las traemos por riesgo social, porque muchas provienen de familias disfuncionales, con poco apoyo, y sin la debida orientación. La mayoría no tiene una pareja estable y la concepción ha sido a causa de una relación fortuita».

Por su parte, el doctor Roberto Álvarez Fumero, especialista de 2do. grado en Administración de Salud y Pediatría, y quien se desempeñó como jefe del Departamento Materno Infantil del Minsap, desde 2011 a 2019, apunta algunos de los riesgos y complicaciones para la futura madre y el bebé, como anemia, hipertensión gestacional y preeclampsia, que provocan frecuentemente un parto prematuro y recién nacidos con bajo peso. Explica que, por eso, con las gestantes adolescentes se toman medidas para eliminar o atenuar los riesgos, con controles más frecuentes, seguimiento estricto e ingreso, si es preciso.

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La sicología y los estudios de género coinciden en que las adolescentes embarazadas se encuentran en desventaja tanto social como sicológica frente a sus parejas, sobre todo cuando estos tienen una edad superior a la de ellas y han podido desarrollar un oficio o una profesión, y porque como señala la Doctora en Ciencias Demográficas Matilde Molina Cintra, subdirectora del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana, en las adolescentes se evidencian, generalmente, pobres habilidades sociales para la negociación en la toma de decisión en torno a la reproducción. A menudo a ellas se les afecta también su trayectoria educativa y sus oportunidades de autonomía económica.

Por otro lado, el doctor Luis Salas Castillo, especialista en Ginecología y Obstetricia, y miembro de la junta directiva de la Sociedad Científica Cubana para el desarrollo de la familia, acentúa el derecho de cada paciente de tener conocimiento sobre anticonceptivos, su uso y complicaciones, «porque es la manera más eficaz en que, responsablemente, podremos disminuir la tasa de embarazos no deseados en la adolescencia». En este sentido, señala un elemento clave: la prevención desde la Atención Primaria de Salud.

«Hay que identificar a la paciente de riesgo que no está cubierta con anticonceptivo. Cada muchacha tiene el derecho de decidir si quiere o no ponérselo, o si quiere o no embarazarse. Lo incorrecto es no tener identificadas a las pacientes en edad reproductiva, y más si están en un grupo de riesgo como el de la adolescencia».

Visto desde cualquier ángulo, el comienzo temprano de las relaciones sexuales y el embarazo en la adolescencia constituyen un problema que la sociedad no debe soslayar, porque lo que sucede en la intimidad, aun cuando medie el consenso, no solo afecta a cada uno de los miembros de la pareja o a sus familias —con todas las implicaciones antes mencionadas—, sino que, en no pocas oportunidades, multiplica los conflictos y pone a las muchachas frente a otra realidad: el aborto.

Tasa de fecundidad en adolescentes (15-19 años) en Cuba (1995, 2000, 2010, 2013-2019)

Captación de embarazadas según grupo de edades en población adolescente. Cuba 2015-2019*

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