Rep√ļblica Dominicana

El gran poder del futbol conlleva una gran responsabilidad

El gran poder del futbol conlleva una gran responsabilidad

Con el celular en una mano y el pasaporte en la otra, Ruben Gabrielsen salió corriendo de su apartamento. El deber había llamado y él respondería. Incluso se había amarrado una capa improvisada alrededor del cuello para la ocasión. Sería el salvador de su país en su momento más crítico.

Gabrielsen, un defensor de 28 a√Īos que juega en la segunda divisi√≥n de Francia, probablemente no habr√≠a elegido que estas fueran las circunstancias en las que hiciera su primera aparici√≥n internacional. Hace poco, tal vez ni siquiera habr√≠a podido imaginarlas.

Gabrielsen fue uno de un grupo de futbolistas convocados por Noruega esta semana después de que la escuadra entera seleccionada como primera opción se vio obligada a entrar en cuarentena porque uno de sus miembros dio positivo por coronavirus. Un partido, contra Rumanía, ya había tenido que cancelarse y se le había otorgado la victoria al rival. Por lo tanto, las autoridades futbolísticas del país no deseaban sacrificar un segundo juego, en Austria.

Y as√≠ surgi√≥ la escuadra sustituta, con Gabrielsen incluido, como la √ļnica alternativa. La mayor√≠a de los futbolistas nunca hab√≠an jugado en representaci√≥n de su pa√≠s. Todos excepto uno juegan en el extranjero. Se pusieron sus capas, tomaron sus pasaportes y volaron a Austria para que se pudiera desarrollar el partido. El encuentro, como el episodio completo dej√≥ en claro, siempre debe realizarse.

Los bares y los restaurantes en toda Europa est√°n cerrados. Las oficinas permanecen vac√≠as. Las calles de las ciudades est√°n desiertas. Gran parte del continente est√° en confinamiento de nuevo, de una forma u otra, debido a que la segunda ola de la pandemia est√° ense√Īando los dientes. Aun as√≠, el futbol sigue adelante, optimista y decidido, sombr√≠amente imp√°vido pese a no esconder que s√≠ se ha visto afectado.

Ha sido impresionante, de alguna manera, la agilidad con que el futbol de élite ha hecho la transición a su nueva realidad, como una especie no nativa que prospera en un territorio hostil. En la primavera, una sola prueba positiva (la de Mikel Arteta, el entrenador del Arsenal) abrió los ojos de la Liga Premier al hecho de que no era, como previamente había creído, inmune al coronavirus.

Ahora, cuando diecis√©is jugadores de la Liga Premier dieron positivo despu√©s de la pausa para los juegos internacionales, nadie pesta√Īe√≥. De manera ocasional, se posponen juegos (el Olympique de Marsella tiene tres partidos pendientes, como resultado de brotes ya sea en sus filas o en las de un rival), pero, en general, el futbol sigue adelante, se juega a pesar de todo. El Shakhtar Donetsk llev√≥ a un equipo compuesto por adolescentes a enfrentar al Real Madrid en la Liga de Campeones y gan√≥. El juego siempre debe continuar.

Esa perseverancia a veces se adentra en el territorio de lo absurdo, pero el futbol tiene una extraordinaria capacidad para tambi√©n tolerar eso. Como se mencion√≥ la semana pasada, Dinamarca jug√≥ contra Suecia aunque los entrenadores de ambos equipos estaban en aislamiento autoimpuesto y ambas escuadras hab√≠an sido privadas de una gran cantidad de jugadores. Inglaterra consider√≥ jugar contra Islandia en Albania. Noruega arm√≥ un equipo de √ļltimo minuto.

En efecto, el caso de Noruega fue una anomal√≠a: un ejemplo poco com√ļn de la realidad que se entromete. Noruega necesitaba tomar medidas de emergencia porque el gobierno nacional insisti√≥ en que no pod√≠a hacer una excepci√≥n a sus estrictas reglas de cuarentena ni siquiera para su propia selecci√≥n nacional.

Eso es inusual: el futbol, por lo regular, goza de excepciones. Los futbolistas cruzan fronteras sin necesidad de autoaislarse a su llegada. Se modifican las reglas y se hacen concesiones para que el juego (ese grandioso fenómeno cultural que absorbe tanto de nuestro tiempo a tantos de nosotros) pueda continuar.

En casi cualquier otro √°mbito de la vida, el problema ahora es que hay escasez: escasez de cultura, de negocios, de tr√°nsito peatonal, de contacto social, de esperanza. Solo en el futbol a los entrenadores, jugadores, ejecutivos e hinchas les preocupa que quiz√°s haya demasiado.

Por instantes, hay una sensaci√≥n de cierto descaro y torpeza. Es f√°cil ver por qu√© para algunos el juego ha perdido su encanto. Es a√ļn m√°s f√°cil ver por qu√© aquellos que nunca tuvieron mucho tiempo para √©l se sienten reivindicados por la insensibilidad y osad√≠a del futbol durante la pandemia.

Hay momentos en estadios vac√≠os y controversias huecas en que parece que se le ha ca√≠do la m√°scara y sus mecanismos internos han quedado al descubierto: una m√°quina trituradora que acapara y arrebata efectivo, un complejo industrial deportivo atrapado en una espiral de ‚Äúautoadicci√≥n abusiva‚ÄĚ, como lo expres√≥ el escritor Jonathan Liew.

No obstante, pese a todas las razones por las que el futbol determinó que tenía que continuar debido a un sentido inflado de su propia importancia y al entendimiento inmediato de su propio modelo de negocio, su decisión ha sido tolerada solo por otro motivo. La aceptamos, con todo lo absurda que es y su desfachatez, porque nada de eso nubla por completo su valor.

Como el propietario del Marsella, Frank McCourt, lo explic√≥ cuando conversamos hace unas semanas, un club es ‚Äúuna especie de s√≠mbolo social‚ÄĚ. Lo que m√°s le ha impactado desde que asumi√≥ el mando del equipo m√°s popular de Francia hace cuatro a√Īos es c√≥mo es en el OM (es cuidadoso al referirse al club como lo hacen sus fan√°ticos) que ‚Äúla ciudad de Marsella entera se une y funciona‚ÄĚ.

‚ÄúAlguien me dijo hace alg√ļn tiempo, y se me qued√≥ grabado, que no todas las personas en la ciudad de Marsella aman el futbol, aunque por supuesto muchas de ellas lo hacen‚ÄĚ, dijo. ‚ÄúPero todas las personas aman al OM‚ÄĚ.

Esto es lo que da a cada equipo (y, por extensi√≥n, al juego del que cada uno es una peque√Īa pero importante parte constitutiva) su poder. Ese afecto le permite al futbol ser una excepci√≥n, incluso en las √©pocas m√°s dif√≠ciles. Esa garant√≠a de que, sin importar cu√°nto ponga a prueba nuestra paciencia con su ego√≠smo, autoadulaci√≥n y avaricia este deporte, siempre regresamos a √©l.

Sin embargo, no solo es una fuente de poder; es una fuente de responsabilidad, y una que deber√≠a sentirse con mayor intensidad ahora m√°s que nunca. ‚ÄúEs en momentos de crisis que los deportes, y el futbol en particular, se hacen presentes‚ÄĚ, dijo McCourt. ‚ÄúEs cuando ves la gran importancia de todo‚ÄĚ.

Los √ļltimos meses tambi√©n han producido muchos ejemplos de eso, desde el activismo de Marcus Rashford, del Manchester United, para ayudar a alimentar a los vulnerables hasta la exhortaci√≥n de J√ľrgen Klopp a los residentes de Liverpool de participar en un programa de pruebas masivo. Incontables jugadores han realizado donaciones o usado sus plataformas para promover la labor de otros.

En 2017, McCourt estableci√≥ una fundaci√≥n educativa, para usar al OM como una manera de ayudar a la ciudad; la pandemia, as√≠ como sus consecuencias econ√≥micas, lo convencieron de que no debe ser algo adicional, sino central en el trabajo del club. ‚ÄúEn tiempos de crisis, lo que devolvemos a nuestra comunidad es crucial‚ÄĚ, dijo.

‚ÄúTenemos que demostrar qui√©nes somos, en qu√© creemos. En una √©poca en que algunas de las instituciones c√≠vicas en las que sol√≠amos confiar no tienen la fuerza que ten√≠an antes, los deportes todav√≠a son una forma de trabajar juntos. No es algo que pueda remplazar a la emoci√≥n de ganar, pero da energ√≠a. Entre m√°s ganas, mayor impacto puedes tener‚ÄĚ.

Ha habido muchos momentos estos √ļltimos meses en los que el futbol ha sido dif√≠cil de amar, en que ha puesto a prueba nuestra paciencia hasta el l√≠mite con sus peleas mezquinas y su testarudo ensimismamiento. Permitimos que el juego contin√ļe porque cada uno de sus equipos, sus diminutos imperios, son importantes para muchos de nosotros. Estamos ah√≠ para el futbol cuando nos necesita, pero esperamos que devuelva el favor. Esperamos que el futbol tambi√©n est√© ah√≠ para nosotros cuando lo necesitamos.

L√∂w en un punto bajo… muy bajo… el m√°s bajo

En realidad es un poco extra√Īo que Joachim L√∂w todav√≠a estuviera a cargo de la selecci√≥n nacional alemana antes de la humillaci√≥n 6-0 que le propin√≥ Espa√Īa esta semana. Las principales naciones futbol√≠sticas del mundo no son exactamente ejemplos de paciencia, as√≠ que el puesto de entrenador de una selecci√≥n nacional pocas veces es un trabajo de larga duraci√≥n.

Fue entendible que sobreviviera en 2016: Alemania hab√≠a ganado la Copa del Mundo dos a√Īos antes y perder ante Francia en las semifinales del campeonato europeo dif√≠cilmente era una humillaci√≥n. Lo que s√≠ fue admirable fue que L√∂w fuera perdonado con sorprendente facilidad por lo sucedido en 2018, cuando su equipo, los campeones mundiales en ese entonces, fueron eliminados de la Copa del Mundo en Rusia en la fase de grupos.

Desde entonces, la suerte de Alemania ha sido (en el mejor de los casos) variable. Termin√≥ en el √ļltimo lugar de su grupo inaugural de la Liga de Naciones al no ganar un juego contra Francia y otro contra los Pa√≠ses Bajos. Calific√≥ con facilidad para los retrasados campeonatos europeos, como califica con facilidad a pr√°cticamente cada torneo importante.

Aun as√≠, ahora debe prepararse para el siguiente verano con su m√°s dolorosa derrota en noventa a√Īos a cuestas, la evidencia de su declive al descubierto en Sevilla. Es f√°cil y no del todo err√≥neo afirmar que los jefes de L√∂w han estado demasiado conformes y han tardado demasiado en leer las se√Īales de advertencia y creer que una decepci√≥n en la Euro 2020 (m√°s bien 2021) ser√° un castigo por su par√°lisis institucional.

No obstante, también es testimonio de un problema muy específico que enfrentan las principales naciones. Para esos países, como Alemania, que califican con facilidad a los torneos, calificar es casi demasiado sencillo. Esto dificulta medir con precisión en qué punto se encuentra el equipo en relación con sus rivales al título. Valorar demasiado el marcador contra Estonia y Andorra puede enmascarar una multitud de pecados.

Entonces, tal vez obra a favor de Alemania que Espa√Īa haya expuesto sus fallas de una manera tan brutal. Pero Alemania no puede enga√Īarse sobre su posici√≥n respecto a los posibles triunfadores. La pregunta es qu√© planea hacer al respecto L√∂w, o qu√© planean sus jefes.

La frontera final

Pep Guardiola ya ha conquistado Espa√Īa, Alemania e Inglaterra. Ha transformado la manera en que los tres pa√≠ses juegan al futbol. Ha ampliado nuestros horizontes sobre lo que es posible. Ha recalibrado la manera en que pensamos que ciertas posiciones funcionan. Ha redefinido el concepto mismo de la belleza en este deporte, y no es exageraci√≥n decirlo.

Lo que no ha hecho en ning√ļn momento de su carrera es reconstruir: hacer pedazos un equipo exitoso y poner otro a√ļn m√°s exitoso en su lugar. En Inglaterra, esto ciertamente es considerado el m√°ximo desaf√≠o para cualquier entrenador, algo que solo ha conseguido un pu√Īado de los grandes (Alex Ferguson, Ars√®ne Wenger, Matt Busby, Bill Shankly).

Ahora que ha firmado una extensi√≥n de dos a√Īos a su contrato con el Manchester City, Guardiola debe agregar su nombre a esa lista. Este ya es el puesto en el que ha estado m√°s tiempo en su carrera; si llega al t√©rmino de este nuevo acuerdo, habr√° pasado m√°s del doble de tiempo en el Manchester del que estuvo en el Bayern Munich.

Antes, Guardiola siempre hab√≠a insistido en que despu√©s de tres o cuatro a√Īos el mensaje de un entrenador se vuelve repetitivo y comienza a perder su poder. En el Barcelona y el Munich, se fue tan pronto como sinti√≥ que era el momento adecuado. En el City, si se queda, eso significar√≠a que algunos de los jugadores tendr√°n que irse.

Ese proceso ya ha iniciado, pero ser√° un gran reto (con R√ļben Dias y Ferran Torres, el City tiene ya el perfil de su siguiente equipo).

Guardiola ya ha dicho adi√≥s a David Silva y Vincent Kompany, dos de las piedras angulares del ascenso del City. Fernandinho y Sergio Ag√ľero probablemente ser√°n los siguientes. La dificultad no es solo que Guardiola deba demostrar que puede refrescar a un equipo en movimiento, sino que debe hacerlo sin futbolistas que han contribuido en gran medida a la identidad misma del club. De alguna manera, esta podr√≠a ser su m√°s grande prueba.

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